miércoles, 30 de septiembre de 2015

SE CASARON Y VIVIERON FELICES ¿PARA SIEMPRE?
Fracasos matrimoniales; una reflexión desde la praxis de Tribunales Eclesiásticos
Francisco Javier Jiménez López
Abogado y Licenciado en Derecho Canónico

«Me caso porque me caso»; suelen decir aquellos que han tomado la decisión de casarse convencidos de que el matrimonio será la puerta de la felicidad. Sin embargo; no todos los matrimonios tienen final feliz; a las semanas, meses o años de su celebración aparecen problemas que hacen imposible la convivencia y los esposos terminan en una relación tormentosa o separándose de manera definitiva recurriendo al llamado divorcio civil, así como a los Tribunales Eclesiásticos para tramitar un juicio de nulidad matrimonial.
Precisamente desde la experiencia de dichos Tribunales Eclesiásticos queremos compartir un análisis de lo que origina el fracaso de aquellos que en un momento pensaron que encontrarían en el matrimonio la oportunidad de ser felices para siempre. Entre los principales factores que inciden en dicho fracaso encontramos la inmadurez afectiva, el machismo, el alcoholismo, la drogadicción, presiones internas o externas por un embarazo; etcétera Factores que esperamos abordar en ulteriores publicaciones.
En el presente artículo nos concentraremos en una circunstancia en particular que obedece en general a una deficiente formación humana y doctrinal: muchas personas al momento de su boda desconocen qué es esencialmente el matrimonio, y/o no cuentan con la capacidad para hacer una valoración respecto a los derechos y obligaciones que se originan con su celebración. En tal virtud, vale la pena recordar aquí que el matrimonio es una alianza por la que el varón y la mujer constituyen entre sí un consorcio de toda la vida; de ahí que sus propiedades esenciales sean la unidad y la indisolubilidad; es decir, un solo hombre para una sola mujer en una unión que es para toda la vida; mientras que entre las obligaciones esenciales se encuentra la de buscar la felicidad del otro, la fidelidad, la apertura a los hijos y la de hacer de su hogar una comunidad de vida y amor.
Se supone que el noviazgo debe ser una etapa de preparación al matrimonio, pero la realidad es que por diversas circunstancias a veces no cumple con este objetivo; desde la causa de fracaso matrimonial que nos ocupa encontramos que los novios rara vez hacen planes para el futuro precisamente porque ignoran lo que es el matrimonio; y es que al no tener claridad sobre la unidad y la indisolubilidad del pacto conyugal no son capaces de valorar su capacidad para establecer una relación exclusiva y permanente; y si no se conocen con precisión los derechos y obligaciones que nacen con el vínculo no sopesan su capacidad para establecer relaciones interpersonales sanas.
Así pues; encontramos casos en donde los novios, desconociendo la realidad del matrimonio expresan su voluntad de casarse sin cuestionarse previamente si el tiempo que llevan de relación ha sido suficiente para conocerse a fondo; y es que a veces ni siquiera se toman el tiempo para conocer a sus familias de origen, ni de valorar la dinámica que ahí se ha establecido; no está por demás señalar que a veces tendemos a repetir los patrones de conducta aprendidos en casa; eso explica lo que a veces los esposos se dicen en tono de reclamo: «eres igual que tu madre…; eres igual que tu padre».
Asimismo, previo al matrimonio los novios pocas veces se detienen en analizar objetivamente la personalidad y el carácter del otro; recordemos que los enamorados tienden a minimizar sus defectos y a maximizar sus virtudes; y no se lleva a cabo un análisis sobre su capacidad para cumplir con las exigencias de la vida matrimonial, así por ejemplo; si él es afecto a las bebidas embriagantes ella considera que no es problema porque una vez que se casen lo va a cambiar; y si ella es celosa, él cree que se debe al amor que le tiene; ambos piensan que el matrimonio va a remediar por arte de magia todas las dificultades que durante el noviazgo se presentaron.
Ahora bien; cuando dos personas celebran su matrimonio sin el conocimiento de lo que éste es e implica, de repente se encuentran con la obligación de asumir el rol de esposo o esposa; y se dan cuenta que el matrimonio no es lo que esperaban; y cuando el enamoramiento desaparece las frases que se decían de novios cambian de sentido; así tenemos que aquel «gracias por ser así»; se convierte en un «¿por qué eres así»; y aquel «nunca cambies»; por un «¿nunca vas a cambiar?».
Es cuando ya se casaron que las personas hacen consciencia de que durante el noviazgo nunca llevaron a cabo una reflexión acerca de lo que implica estar casado; y aquellos defectos que apenas advertían de novios ahora se convierten en grandes obstáculos que impiden el establecimiento de una dinámica conyugal funcional que permita a los esposos hacer de su hogar una comunidad de vida y amor.

Muchas veces amigos y familiares procuran hacerles ver a los novios la existencia de circunstancias que desaconsejan la celebración de su matrimonio, tales como un noviazgo demasiado breve; un noviazgo conflictivo; la corta edad de alguno o de ambos; el poco conocimiento de sus personas; la existencia de rasgos de grave inmadurez; la presencia de alguna adicción; el mal carácter de alguno de ellos; la falta de capacidad para guardar la fidelidad; la irresponsabilidad; etc. Si se quiere un matrimonio con final feliz valdría la pena detenerse a reflexionar en lo que es e implica la vida matrimonial antes de decir: «me caso porque me caso».

“15 años de la Parroquia de San José en Jalostotitlán parte 1”.


Por: Héctor Javier Álvarez Romero. 
Fotografía: Archivos parroquiales.
Como pudiesen decir muchas personas ya mayores “pareciera que los años ni se sienten y sólo pasan volando” y más cuando éstos quedan marcados de manera física, y permanente, en algún punto clave para una comunidad; ello representa el trabajo y la unión que se ha logrado alcanzar, a lo largo de su historia, para que estos cambios sean evidentes.
Han pasado ya 15 años, luego de que Dn. Javier Navarro Rodríguez, ex Obispo de la diócesis de San Juan de los Lagos, decretara un 24 de agosto del año 2000 que  “Convencido de que la experiencia familiar de la parroquia que vive, celebra y proyecta su fe se verá más acentuada y progresiva si se acortan las distancias que los fieles tengan que recorrer para dialogar con su presbiterio y para la gestión de sus trámites administrativos, después de hacer las consultas que juzgué necesarias, he decidido –y así lo determino por el presente decreto- segregar el Territorio que hasta ahora ha ocupado la Parroquia de LA ASUNCIÓN de Jalostotitlán, el que desde ahora constituirá el territorio de la Parroquia de SAN JOSÉ, de Jalostotitlán […]” (libro de gobierno). Mismo acto que serviría para cimentar la nueva historia que se comenzaría a escribir y que, difícilmente, llegará a un fin. 
En el transcurso de estos años, la Parroquia San José de Jalostotitlán ha contado con 4 Señores Curas (Pbro. J. de Jesús Vázquez, Pbro. Raúl Hernández, Pbro. Juan Roberto Chávez y Pbro. Fernando Miranda), quienes en compañía de sus 10 vicarios y 1 diácono han acompañado en el crecimiento de la fe a esta comunidad parroquial que cuenta sus 8 sectores y sus 6 comunidades campesinas.
Pero, no sólo se ha ido creciendo en el trabajo de apostolado, sino que también se han realizado cambios evidentes en el embellecimiento de la Casa de Dios, la Casa de todos; puesto que a un inicio de vida parroquial, lo que se le llamaba como “El Potrerito” marca una, más que evidente, transformación; fruto del esfuerzo y colaboración de cada una de las personas que pertenecen a esta comunidad, que gracias a su generosidad y que bajo el lema “La Parroquia de San José es nuestra y nos necesita” se trabajó por muchos años para tener un lugar cada vez más digno para celebrar nuestros actos de fe.
Gracias a Dios ya se han cumplido 3 lustros, luego de que nuestro primer párroco tomase posesión y con ello nos convirtiéramos en una familia, una familia que “[…] está unida por la fe en el amor a María Santísima y a la Sagrada Comunión, y que con la entrega en la catequesis en cada uno de sus niños […]” (informe de la II Visita de Pastoral) se forman los valores esenciales de cada cristiano.
15 años se dicen fácil; pero estos han significado años de trabajo, de risas, de satisfacciones, sueños y esperanzas que se han cumplido y que cada rincón de las instalaciones de esta parroquia está marcadas por un recuerdo para aquellos que han colaborado en su crecimiento.

¡Celebremos gozosos estos 15 años de vida en comunidad, de formación y crecimiento; guiados bajos la intercesión de San José, esposo de la siempre Virgen María! 

viernes, 4 de septiembre de 2015

QUE HERMOSO SON LOS PIES DEL MENSAJERO QUE ANUNCIAN LA PAZ


“Que hermosos son los pies del mensajero que anuncian la paz”
(Is 52,7)
Así reza la cita bíblica de Isaías 52, 7en la Sagrada Escritura, y que bien podría ser un slogan promocional para alguna causa misionera. Si bien en esta ocasión no se ha escrito para ese fin, sí para ilustrar de alguna manera la gran actividad misionera que muchos sacerdotes de nuestra querida diócesis hacen dentro y fuera del país.
Con mucha alegría recibimos el pasado 18 de agosto del presente año, en el Seminario Mayor Diocesano de San Juan de los Lagos, sacerdotes y seminaristas a los sacerdotes P. Sergio Abel Mata y el P. Alfredo Palacios, quienes, en un espíritu de oración y fraternidad, nos compartieron sus experiencias de misión en tierras lejanas, diríamos mejor: muy, muy lejanas, Rusia para ser más precisos.
Comenzando la eucaristía tanto seminaristas como sacerdotes esperábamos ansiosos el momento en nos compartirían su experiencia, siendo el P. Sergio quien, a nombre propio y del P. Alfredo tomó la palabra para, no solo hacer de nuestro conocimiento las actividades que, a un año de su partida, han realizado, sino para manifestarnos todo lo que Dios, a pesar de tantas limitaciones ha hecho a través de ellos.
“Todo se nos dificultaba” “no salíamos a la calle porque no sabíamos cómo nos verían las personas de allá”. Son algunas de las palabras que nos compartían al estar platicando su experiencia, y es que no es fácil adaptarse a un estilo de vida tan diferente al que se está acostumbrado; a una forma de ser tan distinto, que no solo incluye la gastronomía, sino el clima, el idioma, a cultura, etc. Sin embargo, el amor a Cristo, todo lo puede, todo lo alcanza, todo lo vence y para ejemplo están estos dos sacerdotes que valientes han emprendido una aventura muy distinta a la acostumbrada en un lugar en los que se tienen planes de pastoral bien estructurados, fieles que asisten regularmente a los eventos organizados, una piedad popular que le da sabor a la religiosidad de la diócesis.
Sintiendo el llamado de Dios, aunque quizás ingenuamente al principio, después fue convirtiéndose en convicciones que ahora los motivan a continuar su misión, es de alguna manera como lo expresaban al aceptar la invitación del Obispo a ir a esas tierras. Cuando se entiende que el sacerdote tiene una misión universal, es relativamente fácil aceptar semejantes invitaciones.
Jesús en su mensaje es bien claro, “Vallan por todo el mudo y prediquen el evangelio” (Cf. Mc 16, 15) y atendiendo a este llamado, estos dos hermanos sacerdotes has decidido darlo todo por el evangelio. Han emprendido una aventura que, aunque difícil, sin duda ha de ser para ellos una oportunidad de plenificar su sacerdocio. Realmente que hermosos son los pies del mensajero que anuncian la paz; la esperanza cuando pareciera que ya nada se pude hacer en un mundo en el que la indiferencia religiosa impera, en un mundo en el que Cristo ya no es la buena nueva para muchos. Sin embargo, aunque muchos no han aceptado aún el mensaje evangélico, y así lo dejaban ver estos hermanos sacerdotes, por otro lado, lo que pareciera que es poco, se convierte como la semilla de mostaza que crece y germina.
Dios bendiga el ministerio de todos los misioneros que se dan la oportunidad para sembrar la semilla del evangelio en los hijos de Dios que aún no han oído hablar de su amor Salvador.
Alejandro Gutiérrez Pedroza, seminarista de tercero de teología.


¿Qué es la Doctrina Social de la Iglesia?


LA FAMILIA, CÉLULA VITAL DE LA SOCIEDAD
La familia, primera sociedad natural

La importancia y la centralidad de la familia, en orden a la persona y a la sociedad, está repetidamente subrayada en la Sagrada Escritura: «No está bien que el hombre esté solo»
A partir de los textos que narran la creación del hombre se nota cómo – según el designio de Dios – la pareja constituye «la expresión primera de la comunión de personas humanas». Eva es creada semejante a Adán, como aquella que, en su alteridad, lo completa para formar con él «una sola carne». Al mismo tiempo, ambos tienen una misión procreadora que los hace colaboradores del Creador: «Sean fecundos y multiplíquense, pueblen la tierra». La familia es considerada, en el designio del Creador, como «el lugar primario de la “humanización” de la persona y de la sociedad» y «cuna de la vida y del amor».
En la familia se aprende a conocer el amor y la fidelidad del Señor, así como la necesidad de corresponderle; los hijos aprenden las primeras y más decisivas lecciones de la sabiduría práctica a las que van unidas las virtudes. Por todo ello, el Señor se hace garante del amor y de la fidelidad conyugales.
Jesús nació y vivió en una familia concreta aceptando todas sus características propias y dio así una excelsa dignidad a la institución matrimonial, constituyéndola como sacramento de la nueva alianza. En esta perspectiva, la pareja encuentra su plena dignidad y la familia su solidez.
Iluminada por la luz del mensaje bíblico, la Iglesia considera la familia como la primera sociedad natural, titular de derechos propios y originarios, y la sitúa en el centro de la vida social: relegar la familia «a un papel subalterno y secundario, excluyéndola del lugar que le compete en la sociedad, significa causar un grave daño al auténtico crecimiento de todo el cuerpo social». La familia, ciertamente, nacida de la íntima comunión de vida y de amor conyugal fundada sobre el matrimonio entre un hombre y una mujer, posee una específica y original dimensión social, en cuanto lugar primario de relaciones interpersonales, célula primera y vital de la sociedad: es una institución divina, fundamento de la vida de las personas y prototipo de toda organización social.
La familia es importante y central en relación a la persona. En esta cuna de la vida y del amor, el hombre nace y crece. Cuando nace un niño, la sociedad recibe el regalo de una nueva persona, que está «llamada, desde lo más íntimo de sí a la comunión con los demás y a la entrega a los demás». En la familia, por tanto, la entrega recíproca del hombre y de la mujer unidos en matrimonio, crea un ambiente de vida en el cual el niño puede «desarrollar sus potencialidades, hacerse consciente de su dignidad y prepararse a afrontar su destino único e irrepetible».
En el clima de afecto natural que une a los miembros de una comunidad familiar, las personas son reconocidas y responsabilizadas en su integridad: «La primera estructura fundamental a favor de la “ecología humana” es la familia, en cuyo seno el hombre recibe las primeras nociones sobre la verdad y el bien; aprende qué quiere decir amar y ser amado y, por consiguiente, qué quiere decir en concreto ser una persona». Las obligaciones de sus miembros no están limitadas por los términos de un contrato, sino que derivan de la esencia misma de la familia, fundada sobre un pacto conyugal irrevocable y estructurada por las relaciones que derivan de la generación o adopción de los hijos.
La familia, comunidad natural en donde se experimenta la sociabilidad humana, contribuye en modo único e insustituible al bien de la sociedad. La comunidad familiar nace de la comunión de las personas: «La “comunión” se refiere a la relación personal entre el “yo” y el “tú”. La “comunidad”, en cambio, supera este esquema apuntando hacia una “sociedad”, un “nosotros”. La familia, comunidad de personas, es por consiguiente la primera “sociedad” humana».
Una sociedad a medida de la familia es la mejor garantía contra toda tendencia de tipo individualista o colectivista, porque en ella la persona es siempre el centro de la atención en cuanto fin y nunca como medio. Es evidente que el bien de las personas y el buen funcionamiento de la sociedad están estrechamente relacionados con «la prosperidad de la comunidad conyugal y familiar».
Sin familias fuertes en la comunión y estables en el compromiso, los pueblos se debilitan. En la familia se inculcan desde los primeros años de vida los valores morales, se transmite el patrimonio espiritual de la comunidad religiosa y el patrimonio cultural de la Nación. En ella se aprenden las responsabilidades sociales y la solidaridad.
Ha de afirmarse la prioridad de la familia respecto a la sociedad y al Estado. La familia, al menos en su función procreativa, es la condición misma de la existencia de aquéllos. En las demás funciones en pro de cada uno de sus miembros, la familia precede, por su importancia y valor, a las funciones que la sociedad y el Estado deben desempeñar. La familia, sujeto titular de derechos inviolables, encuentra su legitimación en la naturaleza humana y no en el reconocimiento del Estado.
La familia no está, por lo tanto, en función de la sociedad y del Estado, sino que la sociedad y el Estado están en función de la familia. Todo modelo social que busque el bien del hombre no puede prescindir de la centralidad y de la responsabilidad social de la familia. La sociedad y el Estado, en sus relaciones con la familia, tienen la obligación de atenerse al principio de subsidiaridad. En virtud de este principio, las autoridades públicas no deben sustraer a la familia las tareas que puede desempeñar sola o libremente asociada con otras familias; por otra parte, las mismas autoridades tienen el deber de auxiliar a la familia, asegurándole las ayudas que necesita para asumir de forma adecuada todas sus responsabilidades.


DESPEDIDA AL SR. CURA JUAN ROBERTO CHÁVEZ BOTELLO DE LA PARROQUIA DE SAN JOSE EN JALOSTOTITLÁN.


23 AGOSTO 2015.

Por: Lilia Adriana González  Peña
Fotografía: Héctor Javier Álvarez Romero.


Han pasado 6 años y 7 meses desde que le recibimos y el día de hoy llega la hora de la despedida… está claro que en esta vida terrenal “Todo empieza y todo acaba”, nuestra vida está hecha de finales y comienzos,  hoy es uno de esos finales… en estos casi 15 años la Parroquia de San José ha tenido 3 comienzos, que han dado frutos incalculables a esta feligresía.


Pareciera que ustedes los sacerdotes, están siempre “Con la maleta preparada”, ¿Habrá algo mas desinteresado que el trabajo de un sacerdote?. Siempre llegar al nuevo destino, se donan de manera desinteresada y se van ante un nuevo llamado. Y cada vez que llega una despedida, seguro que se dejan un trocito de su corazón, pero de un corazón que es tan grande que jamás se termina y siempre queda abierto para los que ya le están esperando.

Es verdad que las despedidas siempre las hemos considerado como algo triste, porque las miramos desde el ángulo de lo que hemos perdido en lugar de hacerlo desde el de lo que hemos ganado: un amigo que se va, pero que se queda en cada uno de nosotros a través de cada centímetro construido, de cada palabra escuchada en sus homilías.


Y de nosotros, los que nos quedamos, también se nos va con usted un trozo de nuestro corazón… han sido 6 años y 7 meses, el “roce” hace amistad y concibe el respeto. Pero como Parroquia nos queda también corazón para abrirlo a quien viene a sustituirle, es lo justo…la iglesia no es un sacerdote, la Iglesia es mucho más y eso jamás podemos perderlo de vista; seguro hoy lleno de ilusiones y de proyectos la vista y la mente voltean hacía esa nueva Parroquia a donde ha sido asignado,  en una tierra lejana, dolida y necesitada de gente de paz,  que escuche sus tristezas pero también que marque nuevos senderos a su vida espiritual y  todo en nombre de quien todo lo mueve JESUS, nuestro DIOS.

Muchas gracias Señor Cura Juan Roberto por estos años de su vida que  Dios ha permitido que nos  dedicara, que nos regalara,  en los cuales pudimos ver la transformación física de este pequeño espacio en el que nos encontramos como hermanos y discípulos de Jesús,  sepa que siempre, que en esta Parroquia de San José, en cualquiera de nuestros hogares, habrá un lugar reservado para usted.”

Gracias Sr. Cura Juan Roberto y Dios lo colme de bendiciones por siempre.

SE CASARON Y VIVIERON FELICES ¿PARA SIEMPRE?


Fracasos matrimoniales; una reflexión desde la praxis de Tribunales Eclesiásticos
Francisco Javier Jiménez López
Abogado y Licenciado en Derecho Canónico

«Me caso porque me caso»; suelen decir aquellos que han tomado la decisión de casarse convencidos de que el matrimonio será la puerta de la felicidad. Sin embargo; no todos los matrimonios tienen final feliz; a las semanas, meses o años de su celebración aparecen problemas que hacen imposible la convivencia y los esposos terminan en una relación tormentosa o separándose de manera definitiva recurriendo al llamado divorcio civil, así como a los Tribunales Eclesiásticos para tramitar un juicio de nulidad matrimonial.
Precisamente desde la experiencia de dichos Tribunales Eclesiásticos queremos compartir un análisis de lo que origina el fracaso de aquellos que en un momento pensaron que encontrarían en el matrimonio la oportunidad de ser felices para siempre. Entre los principales factores que inciden en dicho fracaso encontramos la inmadurez afectiva, el machismo, el alcoholismo, la drogadicción, presiones internas o externas por un embarazo; etc. Factores que esperamos abordar en ulteriores publicaciones.
En el presente artículo nos concentraremos en una circunstancia en particular que obedece en general a una deficiente formación humana y doctrinal: muchas personas al momento de su boda desconocen qué es esencialmente el matrimonio, y/o no cuentan con la capacidad para hacer una valoración respecto a los derechos y obligaciones que se originan con su celebración. En tal virtud, vale la pena recordar aquí que el matrimonio es una alianza por la que el varón y la mujer constituyen entre sí un consorcio de toda la vida; de ahí que sus propiedades esenciales sean la unidad y la indisolubilidad; es decir, un solo hombre para una sola mujer en una unión que es para toda la vida; mientras que entre las obligaciones esenciales se encuentra la de buscar la felicidad del otro, la fidelidad, la apertura a los hijos y la de hacer de su hogar una comunidad de vida y amor.
Se supone que el noviazgo debe ser una etapa de preparación al matrimonio, pero la realidad es que por diversas circunstancias a veces no cumple con este objetivo; desde la causa de fracaso matrimonial que nos ocupa encontramos que los novios rara vez hacen planes para el futuro precisamente porque ignoran lo que es el matrimonio; y es que al no tener claridad sobre la unidad y la indisolubilidad del pacto conyugal no son capaces de valorar su capacidad para establecer una relación exclusiva y permanente; y si no se conocen con precisión los derechos y obligaciones que nacen con el vínculo no sopesan su capacidad para establecer relaciones interpersonales sanas.
Así pues; encontramos casos en donde los novios, desconociendo la realidad del matrimonio expresan su voluntad de casarse sin cuestionarse previamente si el tiempo que llevan de relación ha sido suficiente para conocerse a fondo; y es que a veces ni siquiera se toman el tiempo para conocer a sus familias de origen, ni de valorar la dinámica que ahí se ha establecido; no está por demás señalar que a veces tendemos a repetir los patrones de conducta aprendidos en casa; eso explica lo que a veces los esposos se dicen en tono de reclamo: «eres igual que tu madre…; eres igual que tu padre».
Asimismo, previo al matrimonio los novios pocas veces se detienen en analizar objetivamente la personalidad y el carácter del otro; recordemos que los enamorados tienden a minimizar sus defectos y a maximizar sus virtudes; y no se lleva a cabo un análisis sobre su capacidad para cumplir con las exigencias de la vida matrimonial, así por ejemplo; si él es afecto a las bebidas embriagantes ella considera que no es problema porque una vez que se casen lo va a cambiar; y si ella es celosa, él cree que se debe al amor que le tiene; ambos piensan que el matrimonio va a remediar por arte de magia todas las dificultades que durante el noviazgo se presentaron.
Ahora bien; cuando dos personas celebran su matrimonio sin el conocimiento de lo que éste es e implica, de repente se encuentran con la obligación de asumir el rol de esposo o esposa; y se dan cuenta que el matrimonio no es lo que esperaban; y cuando el enamoramiento desaparece las frases que se decían de novios cambian de sentido; así tenemos que aquel «gracias por ser así»; se convierte en un «¿por qué eres así»; y aquel «nunca cambies»; por un «¿nunca vas a cambiar?».
Es cuando ya se casaron que las personas hacen consciencia de que durante el noviazgo nunca llevaron a cabo una reflexión acerca de lo que implica estar casado; y aquellos defectos que apenas advertían de novios ahora se convierten en grandes obstáculos que impiden el establecimiento de una dinámica conyugal funcional que permita a los esposos hacer de su hogar una comunidad de vida y amor.

Muchas veces amigos y familiares procuran hacerles ver a los novios la existencia de circunstancias que desaconsejan la celebración de su matrimonio, tales como un noviazgo demasiado breve; un noviazgo conflictivo; la corta edad de alguno o de ambos; el poco conocimiento de sus personas; la existencia de rasgos de grave inmadurez; la presencia de alguna adicción; el mal carácter de alguno de ellos; la falta de capacidad para guardar la fidelidad; la irresponsabilidad; etc. Si se quiere un matrimonio con final feliz valdría la pena detenerse a reflexionar en lo que es e implica la vida matrimonial antes de decir: «me caso porque me caso».

NUEVA RESTRUCTURACIÓN DE LA CATEQUESIS PREMATRIMONIAL


«Una respuesta a la crisis cultural profunda del matrimonio y la familia»
Francisco Javier Jiménez López
Abogado y Licenciado en Derecho Canónico
La institución matrimonial en nuestra sociedad se caracteriza  -entre otras cosas- por el alto número de fracasos conyugales, muchos de ellos debidos a que los esposos lo celebraron sin la adecuada reflexión y preparación, por motivaciones no completamente adecuadas, coaccionados por diferentes circunstancias o no conociendo verdaderamente a qué se comprometían, etc. La Iglesia católica, preocupada por esta situación, insiste desde hace tiempo en la necesidad de que los esposos se preparen adecuadamente para la celebración de su matrimonio tanto para conseguir que los contrayentes lo celebren de una forma consciente y responsable como para prevenir los fracasos matrimoniales que tan negativamente repercuten en los propios cónyuges y en sus hijos, en la sociedad y en la Iglesia[1].
En Aparecida, nuestros obispos insisten en que la familia es uno de los tesoros más importantes de nuestros pueblos y patrimonio de la humanidad entera. No obstante, en Latinoamérica, una parte importante de la población está afectada por difíciles condiciones de vida que amenazan directamente la institución familiar; en tal virtud, estamos llamados a trabajar para que esta situación sea transformada, y la familia asuma su ser y su misión en el ámbito de la sociedad y de la Iglesia (DA. n. 432).
El Papa Francisco en su Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium insiste también en esta realidad cuando señala que: «La familia atraviesa una crisis cultural profunda, como todas las comunidades y vínculos sociales. En el caso de la familia, la fragilidad de los vínculos se vuelve especialmente grave porque se trata de la célula básica de la sociedad, el lugar donde se aprende a convivir en la diferencia y a pertenecer a otros, y donde los padres transmiten la fe a sus hijos. El matrimonio tiende a ser visto como una mera forma de gratificación afectiva que puede constituirse de cualquier manera y modificarse de acuerdo con la sensibilidad de cada uno…» (n. 66).
En nuestra Diócesis se tiene consciencia de esta realidad, misma que se presentó en el V Plan Diocesano de Pastoral; concretamente en los número 99-103; en donde se insiste particularmente en que: «Las instituciones que más han resentido esta crisis son el matrimonio y la familia […]. Está en riesgo el modelo tradicional de matrimonio y familia» (101).
Así pues; encontramos un cambio fundamental en las relaciones de pareja que ha modificado la estructura familiar y que se manifiesta en la disociación entre conyugabilidad (vínculo de pareja, vínculo social) y filiación (vínculo entre padres e hijos, vínculo natural). Ante una aparente serie de procesos de descomposición social, se refleja en la familia un creciente desorden y una disfunción manifiesta en los comportamientos de sus miembros desprovistos de una ética.

En concreto, de un análisis de la realidad en nuestro país observamos lo siguiente[2]:

·         La familia ha perdido protagonismo en la sociedad.

·         Impera el individualismo, sus integrantes no asumen sus roles.

·         Adoptan  y eligen otros estilos de vida, construyendo su familia movidos por su propia verdad y moral.

·         Se ha vuelto “desechable” al tiempo que surgen otros conceptos de “matrimonio”.

·         Aumento de divorcios; madres y padres solteros.

·         Violencia familiar.

·         Desempleo, inseguridad.

·         Alcoholismo, droga, prostitución.

·         Falta de asumir los derechos–deberes de ser padres; falta de una comunicación asertiva padres e hijos.

·         Abusos sexuales; promiscuidad.

·         Pérdida de identidad del matrimonio y de la familia cristiana.

·         Desvalorización del verdadero significado del noviazgo.

·         Mentalidad contraceptiva y abortiva.

·         Políticas familiares insuficientes y equivocadas.

Ahora bien; veamos a continuación los resultados del análisis de la realidad que presenta nuestro V Plan Diocesano de Pastoral (n. 104); ahí se señala que en relación a nuestra Iglesia Diocesana el debilitamiento de la familia se experimenta en:

·         La dificultad para establecer vínculos estables y duraderos.

·         Carencia en la comunicación conyugal.

·         Aumento en la violencia intrafamiliar.

·         Infidelidad.

·         Poca estabilidad conyugal.

·         Disfuncionalidad y desintegración familiar.

·         Carencia en la formación a la vida matrimonial y familiar, etc.

De lo anterior se advierte que la atención a la vida familiar en cada una de sus etapas resulta hoy en la Iglesia una URGENCIA PASTORAL, con algunos rasgos de NOVEDAD en el marco de la nueva evangelización; debemos evangelizar con audacia: «No me avergüenzo del Evangelio, que es poder de Dios para la salvación de todo el que cree» (Rom 1,16).
La realidad que hemos venido describiendo, nos interpela; nos reta y nos obliga entre otras cosas a:

·         Dar razón de nuestra esperanza ante un ambiente cultural que ignora la verdad de Dios y que, en consecuencia, busca justificar las obras que proceden de sus desviados deseos.

·         Evangelizar con el testimonio de vida  y con la sana doctrina.

·         Vivir el evangelio del matrimonio y la familia.

·         Educar en el amor y la sexualidad ante la “revolución sexual” que ha separado la sexualidad del matrimonio, de la procreación y del amor.

·         Formar nuevos evangelizadores para una pastoral familiar integral y progresiva.

·         Desde el cimiento de la iniciación cristiana, como proceso de formación integral del sujeto, educar para que la persona descubra la vocación esencial al amor para amar.

·         Fomentar una pastoral familiar que sea la acción evangelizadora que realiza la Iglesia, orientada por sus pastores, en la familia y con la familia.

·         Comprender que la familia es el eje transversal de la evangelización.

·         Que la familia sea objeto y sujeto de la evangelización.

·         Promover la santidad matrimonial.

De lo que hemos venido señalando se advierte que hoy sigue siendo apremiante la atención de las familias; en nuestra Diócesis así se ha insistido puntualmente desde la publicación del V Plan de Pastoral, donde de manera expresa se ha señalado que: «Es necesario atender de forma integral a la familia. La parroquia, centro de la vida eclesial, ha de consolidar proyectos y programas que pongan al centro de su acción pastoral a la familia de una manera transversal» (105).
En tal virtud, vale la pena que en nuestras comunidades parroquiales se trabaje pastoralmente en los lineamientos que según el Plan de Pastoral Vigente (n. 107) deben seguir nuestros esfuerzos para:

·         Presentar el proyecto original de Dios sobre el matrimonio y la familia.

·         Ayudar a los jóvenes a descubrir la belleza del amor y la dignidad del sacramento del matrimonio.

·         Redescubrir la grandeza de la paternidad y la maternidad vividas en las circunstancias actuales.

·         Crear itinerarios formativos que acompañen a los matrimonios a su consolidación plena.

·         Promover la espiritualidad conyugal y familiar.

·         Atender a los matrimonios y familias que atraviesan por situaciones difíciles o viven situaciones especiales e irregulares.

·         Creación de redes de familias que colaboren con otras instituciones en el fortalecimiento de la familia y la conversión y renovación de las instituciones para que se pongan al servicio de la persona y de las familias.

Estamos convencidos de que dichos lineamientos pastorales responden a las exigencias que nos plantea la realidad y que trabajar sobre éstos ayudaría a disminuir los aspectos negativos que sufre el matrimonio y la familia; e incluso podríamos revertirlos en algún momento.
Nos llena de esperanza el hecho de que al menos los primeros tres puntos podrán ser implementados a partir del mes de octubre; fecha en la que entrará en vigor el Decreto promulgado el 25 de marzo por el Señor Obispo Felipe Salazar; y mediante el cual se presenta la «NUEVA ESTRUCTURACIÓN DE LAS CATEQUESIS PREVIAS AL MATRIMONIO», para efecto de que se unifiquen en todas las Comunidades de la Diócesis los itinerarios de las catequesis prematrimoniales dando los siguientes pasos:
1º.- Cada Parroquia debe ofrecer la catequesis prematrimonial.
2º.- El contenido de esta catequesis debe abarcar todos y cada uno de los temas del subsidio: Edificar una vida Juntos «Preparación inmediata al Sacramento del Matrimonio», ofrecido por la Conferencia del Episcopado Mexicano.
3º.- Debe exponerse a los novios un solo tema por sesión semanal.
Ojalá que los esfuerzos que llevan y lleven a cabo los agentes de pastoral familiar para ofrecer la Catequesis Prematrimonial en los términos indicados por nuestro Señor Obispo, ayuden a recuperar el sentido cristiano del matrimonio y la familia y permitan que los esposos experimenten en su vida matrimonial la gracia que nace del Sacramento.



[1]AAVV., Derecho Canónico II: El derecho en la misión de la Iglesia, BAC, Madrid, 2006, 122.
[2]Encuesta de Capital Social en el Medio Urbano (2006); Encuesta Nacional de Familia y Vulnerabilidad (2006);  Encuesta Nacional Urbana sobre la Familia como Recurso de la Sociedad (2011); Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Familias (2005) ; Encuesta Nacional sobre Cultura Política y Practicas Ciudadanas (2008); Encuesta Nacional de la Juventud  (2005); Encuesta Nacional de Valores (2010).

martes, 25 de agosto de 2015

“DALE VOZ A TUS MANOS”
XI REUNION NACIONAL DE COMUNIDADES CATÓLICAS DE SORDOS

En medio de un sinfín de miradas expresivas, voces silenciosas y manos comunicativas se realizó la XI Reunión Nacional de Comunidades Católicas de Sordos en la Casa de Ejercicios y Seminario de la Diócesis de Tlaxcala. Evento que anima la espiritualidad y estructura de la  Pastoral de Personas Sordas de nuestras comunidades parroquiales.

                La bienvenida corrió a cargo del Comité Promotor Nacional integrado por el Asesor Espiritual Pbro. Alejandro Reynoso (de la CCS de Querétaro) la Presidenta Arq. Mariana Cabrero, su Esposo Dr. Manuel Montes de Oca y la Secretaría Dra. Psic. Blanca Nelly Vázquez  (Líderes Sordos e Intérprete de la CCS de San Luis Potosí); el trabajo se realizó por bloques de roles y funciones: Asesores Espirituales (participamos 9 sacerdotes y el Seminarista José de Jesús Rodríguez de nuestra Diócesis) Líderes Sordos (con la representación de más de 16 CCS, nosotros representados por la Líder Sorda de San Juan de los Lagos Srita. Arleth Cecilia Martínez), Intérpretes (La presencia de más de 30 laicos comprometidos con la labor evangelizadora, la Sra. Lorena García Olmeda fue quién dignamente nos representó) y el grupo de Sordos en Formación (contando con la participación de más de 100 Sordos de distintos estados de nuestro País).

                Es importante destacar la participación del Obispo Mons. Francisco Moreno Barrón y la CCS de Apizaco y Santa Ana que con gran calidez, humildad y fraternidad nos atendieron durante esos días; el Obispo remarcó la importancia de llevar a las personas Sordas a vivir un Discipulado Misionero que logre suscitar el doble dinamismo del Bautismo: la configuración con la Persona de Jesús y su Evangelio y el compromiso externo de servicio en la Iglesia a ejemplo de Cristo.

                También queremos compartir la riqueza espiritual y el gran compromiso en la formación de los asesores espirituales, intérpretes y líderes sordos de la Dra. en Educación Consuelo Manero y el Lic. Álvaro (Ambos intérpretes y profesionales de la cultura Sorda en USA y nuestro País). “Chelo” Manero nos enseñó con su testimonio y sabiduría que el primer paso para afianzar la Pastoral de Sordos es aceptar a la persona como tal, reconocer que Dios se expresa de maneras distintas y el silencio del Sordo y su asombrosa capacidad de comunicación por medio de su cuerpo y manos nos remite a ese Dios que guarda silencio para mostrarse como es.

                Con gran alegría y gratitud el domingo 09 de agosto celebramos la Eucaristía presididos por el Señor Obispo Francisco y pudimos después regresar a nuestras comunidades para seguir promoviendo, alentando y formando en nuestras Diócesis comunidades Católicas de Sordos. Y aprovechamos éste espacio para hacerles la invitación a aprender Lengua de Señas Mexicana y así promover la cultura Sorda en nuestros pueblos. Información de Diplomado y Talleres de LSM al 3957851471 del Centro Diocesano de Formación y Atención para Personas con Discapacidad/ Casa FRATER en San Juan.


Pbro. Oscar Villarruel Orozco.

Súmate, cambiemos vidas


Desigualdad, injusticia, pobreza, hambre, corrupción, carente moral e inexistente ética. Es el cuadro actual que nos muestra la realidad.  ¿Cuál es la razón? La razón podría ser la apatía.
De nada sirve mirar y criticar, lamentarse, asombrarse. Incluso la simple buena intención no es suficiente. Apatía es no participar, no involucrarse, no comprometerse ni ayudar en los problemas de los demás, la intención no es la que vale, ay que ponerse a construir, ha hacer.
 Por eso, hoy tienes tú que sumarte y participar. Abiertas están las puertas para que nos pongamos juntos a trabajar.
Durante los meses de agosto a noviembre de 2015, Cambiando una Vida, A.C., llevará a cabo la distribución y venta de botellas de agua purificada de excelente calidad en presentación de 500 ml. con el objetivo de recaudar recursos que apoyen la atención integral de niños de escasos recursos con malformaciones congénitas y secuelas de quemaduras graves; así como a mujeres que han sido mutiladas a raíz del cáncer de mama.
La meta es distribuir una total de 1,000,000 de botellas.
¿Por qué lo hacemos?
Para contribuir a disminuir la alta incidencia de malformaciones congénitas que existe en el Estado de Aguascalientes (primer lugar a nivel nacional) y Estados circunvecinos.
Establecer un proyecto anual que nos permita ser autosustentables.
Para fomentar la participación de las empresas y sociedad en general en proyectos que los impulsen a actuar en beneficio de su propia comunidad a través del consumo de un producto de primera necesidad.
Para fomentar el consumo de agua como parte de una vida sana.
Cambiando una Vida, A.C. ha establecido una relación muy estrecha con San Juan de los Lagos, Jal. al tener dentro de sus beneficiados a diversos niños con malformaciones congénitas u otros padecimientos. Nuestro apoyo se ha traducido en consultas médicas con especialistas diversos, pago de gastos médicos, hospitalización, traslado en ambulancia, etc. Nuestro deseo es reforzar nuestros lazos con su comunidad y hacerlos parte de nuestra gran familia. Es de destacar la activa participación de sus habitantes en las campañas que emprendemos en beneficio de Cambiando una Vida, A.C.
Tú puedes ayudarnos adquiriendo una determinada cantidad de botellas de agua para su distribución y venta en:
Tu empresa.
Tu escuela.
Tu grupo de amigos.

Como voluntario para la distribución.
Octavio Padilla Jiménez

Para mayores informes en San Juan de los Lagos
Teléfono Celular 3957884101