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martes, 29 de noviembre de 2016

Jalos, cruza la puerta Santa.



El Jubileo extraordinario de la Misericordia, fue sin duda, una oportunidad latente para sentir el amor de Dios hacía sus hijos, y aprender que pese a nuestra debilidad humana, es Él, quien por su amor paternal y un corazón lleno de bondad, perdona la “miseria” que se pueda tener en el ser, porque somos barro, un barro que se le dio un espíritu para aprender de sus tropiezos y aciertos, gracias a lo que se le llama “libertad”.
El cruzar la puerta Santa, pudo tener muchos significados e intenciones; que a lo largo de este año santo, templos de todo el mundo abrieron para que la Fe de un pueblo se esperanzara ante las diversas circunstancias que ocurren en la actualidad, pero que en realidad, enmarcaron el encuentro íntimo con “El Rey de Reyes” y la apertura del templo vivo de cada persona para dar testimonio de esa Misericordia con el hermano que lo necesita.
Para muestra de ello, la población del municipio de Jalostotitlán, peregrinó el miércoles 16 de octubre al Santuario de San Pedro Esqueda (mejor conocido como “El Mezquitito”, lugar donde fuera martirizado este sacerdote alteño en la época de la Revolución Cristera, mismo lugar que se convertiría en las puertas hacía la santidad y el puente al cielo para todo el que cruce y pise con fe esta tierra santa). Sacerdotes y pobladores partieron de Jalos en diversas modalidades (caminando, camiones colectivos y/o particulares) todos con la misma finalidad, cruzar la puerta Santa y ganar la última indulgencia que se otorgaba en este año Santo.
Sin duda, el camino sirvió para reflexionar sobre las acciones hechas en el día a día y poder pedir perdón a quienes se ofendió para así, dar testimonio vivo de la Misericordia de Dios en el hermano.
Ya en el Santuario Mártir, el Sr. Cura Guadalupe Torrano (párroco de la comunidad de Teocaltitán) dio la bienvenida a los peregrinos, donde un gran número de éstos, aprovecharon la oportunidad para acercarse al sacramento de la Reconciliación, a través del Sr, Cura Torrano, Sr. Cura Fernando Miranda, Sr. Cura Miguel Domínguez y el Pbro. José de Jesús Barba; para así poder participar plenamente en el banquete que da la vida eterna.
Durante la homilía el Sr. Cura Miranda, invitó a reflexionar sobre el sentido del Año Santo que finalizaba. “La Misericordia de Dios es levantarse e ir al encuentro de  su amor gracias al acercamiento que se da en la reconciliación; ya que la chispa que impulsa a ser misericordiosos es el amor y el perdón que se debe de dar a los demás, ya que ello transformará todo lo malo que pudiese existir en nuestro interior y con los gestos de perdón que se tengan diariamente seremos testimonios vivos de la Misericordia del padre, pese la pequeñez de nuestros corazones y esto nos llevará a ser luz del amor”.   
Además mencionó que la gran tarea de cada miembro de la iglesia (una vez cerrada la puerta Santa) es dar testimonio firme de que la Misericordia de Dios existe y que nosotros podemos ser el conducto de ésta para alentar al que está separado de su creador.

Luego de haber reflexionado y participado del banquete  celestial, Jalostotitlán, se unió por las intenciones del Santo Padre Francisco; para que luego de haber peregrinado a un lugar santo, cruzado las puertas santas, haberse reconciliado, haber comulgado y pedido por el Papa, poder obtener la indulgencia plenaria que se otorgaba por la misericordia del Padre. 
Por: Héctor Javier Álvarez Romero, corresponsal. 

miércoles, 11 de mayo de 2016

“QUÉ DICHA SER MÁRTIR, DAR MI SANGRE POR LA PARROQUIA”




            San Román Adame Mártir, quiso la providencia divina que derramara su sangre en Yahualica aquella triste mañana del 21 de abril de 1927, en el panteón de la calavera; después de estar amarrado frente al templo parroquial  tres días y de que se pagara un rescate que pidió el coronel que estaba al mando.

            ¡Y cómo nuestro pueblo no iba a venerar a tan insigne santo!
Se celebró un triduo en su honor del 19 al 21 de abril de 2016 en el templo parroquial de San Miguel Arcángel, culminando el festejo  con la celebración eucarística en el lugar donde fue su martirio; celebración presidida por el P. Saúl Legazpi Sandoval y en la cual nos motivó a imitar las cualidades de San Román, en las que destacan: el profundo amor a la Virgen María a la que honraba rezando diariamente el rosario; fue un hombre sencillo, paciente... nunca renegó de las dificultades a pesar de que tuvo muchas en las comunidades donde dio prestó su ministerio; también fue un sacerdote muy trabajador, responsable; no abandonó sus feligreses en tiempos de persecución; sin poner como pretexto su edad, ya que contaba con 68 años cuando fue fusilado.
            Una anécdota en la vida de San Román es:” En la comunidad del Molino se llevaba a cabo la construcción del templo y acostumbraba repicar y tirar cohetes cada vez que se cerraba una bóveda, y dijo: “El día que se cierre la cúpula, hacemos una fiesta que huela a cielo”
Tiempo después fue aprehendido en el rancho de veladores y llevado a Yahualica para ser ejecutado y sucedió que el mismo día de su martirio y casi a la misma hora, entre 9:30 am y 10:00 am, ponían la última piedra de la cúpula en el templo del Molino y se oyeron los repiques y los cohetes.  Al darse cuenta  las personas del lugar de la muerte del señor cura Adame dijeron: “Al señor cura Román sí le olió a cielo” Y qué mejor fiesta, ya que había sido mártir”.

            Después de Misa, en procesión fue llevada la imagen de San Román y su reliquia, por las calles de la comunidad hasta el templo parroquial de San Miguel acompañado de banda de música y el fervor de los yahualiscenses; al llegar, un prolongado repique anunciaba el término de las festividades al Santo Mártir que antes de morir expresó:
 “Muero inocente, perdono de todo corazón al que me entregó en manos de los que me van a abrir las puertas del cielo” “Ofrezco mi sangre por la conversión de mi pueblo y para que reconozcan y amen a sus sacerdotes”
¡Bendito Dios que me ha traído a este lugar, pues así lo dispuso la Providencia Divina”

            No dejemos de orar, para que nuestra tierra regada con la sangre de nuestro Mártir, sea cuna  de santos  sacerdotes. Que así sea.
Por: Luz María Mora

martes, 28 de abril de 2015

San Pedro Esqueda

En la ciudad de San Juan de los Lagos, Jal., el 29 de abril de 1887, nació Pedro Esqueda, hijo de Margarito Esqueda y Nicanora Ramírez. El mismo día de su nacimiento recibió el santo bautismo, y la confirmación, menos de tres meses después, el 10 de julio siguiente. Sus padres fueron pobres, pero profundamente cristianos, de manera que criaron al niño en el santo temor de Dios, lo que hizo que toda su vida se conservara en la inocencia y santa simplicidad de costumbres. A los cuatro años de edad inició su instrucción en una escuela privada, regida por la maestra Piedad; en ella aprendió las primeras letras, en la cartilla, durante dos años. A los seis años ingresó a la llamada “Escuela del Santuario”, dirigida por el profesor Pedro Márquez. Ahí curso los seis grados de instrucción primaria. Fue un alumno aprovechado, con buenas calificaciones y, a veces, premios en las materias. Era un niño sencillo, pacífico; no se le vio reñir, ni molestar a nadie. Mientras estuvo en esta escuela formó parte del grupo de acólitos y del coro de la Basílica, así que una semana servía al altar y otra se integraba al coro. Era un niño piadoso, rezaba diariamente un rosario él solo y otro con su familia, en casa. Su diversión principal era levantar altares pequeños, con todo lo necesario para el culto, y él, con un compañero llamado Mardonio, imitaba la celebración de la Santa Misa. Muy “contento y alegre”, a los ocho años de edad, se acercó a recibir por primera vez la Sagrada Comunión, en la fiesta del Sagrado Corazón de 1895. Al terminar la instrucción primaria no continuó estudiando, sino que se ocupó de trabajar en una zapatería, hasta que le externó a su padre, un día, el deseo que abrigaba de entrar al Seminario para llegar a ser sacerdote. Fue matriculado en el Seminario Auxiliar que funcionaba en la misma ciudad de San Juan de los Fagos. Ahí estudió los cursos de Humanidades y dos de Filosofía. “Sobresalió, en el Seminario; era muy estudioso”. Después de seis años en el Seminario Auxiliar, por orden de los superiores pasó, en 1908, a estudiar al Seminario Diocesano de Guadalajara. Ahí cursó el tercer año de Filosofía y los cursos de Teología. Recibió las órdenes sagradas hasta el diaconado. En 1914, al desatarse la persecución carrancista, el Seminario fue clausurado e incautado su edificio. Los seminaristas lo abandonaron. Tuvo que refugiarse en San Juan de los Lagos. Ahí prestó servicios ministeriales a la parroquia, colaborando con el párroco, hasta que un día fue llamado a Guadalajara. En esta ciudad, en el oratorio público del Hospital de la Santísima Trinidad, recibió la ordenación sacerdotal el 19 de noviembre de 1916.
Seis días después, por orden de la autoridad eclesiástica competente, fue nombrado vicario cooperador de la parroquia donde había nacido, con el encargo de que, si fuera necesario, impartiera clases en el Seminario Auxiliar del lugar. Con gran gozo y regocijo de toda la feligresía, cantó su Primera Misa en el Santuario de Nuestra Señora de San Juan de los Lagos, el primero de diciembre del mismo año. Inició luego su ministerio sacerdotal, que ejerció durante, once años en esa parroquia de San Juan.  Los feligreses lo recuerdan como un sacerdote ejemplar, humilde y lleno de caridad, con grandísimo celo, especialmente con los niños”.Tenía caridad con los pobres: jamás se le vio contrariado o de mal humor. Fue muy devoto de la Eucaristía, su párroco recuerda: “...lo vi haciendo devotamente oración ante el Santísimo Sacramento”.Organizó una asociación llamada “Cruzada Eucarística”, para impulsar a los niños en el amor y devoción a Jesús Sacramentado. Ponía empeño especial en preparar a los niños que por primera vez se acercaban a la comunión. Amó entrañablemente a la Santísima Virgen María y motivó especialmente a los niños a que también la amaran. En 1926 se recrudeció en México la persecución contra la Iglesia. El Presidente de la República, en su modo de proceder, manifestaba una apasionada decisión de acabar con la Iglesia. Los Obispos mexicanos, como última medida de protesta y defensa, decidieron cerrar los templos y suspender el culto público. La administración de los sacramentos y el ministerio sacerdotal se realizaba ocultamente, en los hogares. Entonces las fuerzas del Gobierno desplegaron una tenaz persecución contra los sacerdotes de todo el país. El Arzobispo de Guadalajara aprobó que los sacerdotes que gustaran se escondieran, aun dejando sus puestos. En la ciudad de San Juan de los Lagos, el párroco y los sacerdotes se ocultaron en diversos lugares. El padre Esqueda, también escondiéndose, quedó al frente de la parroquia por encargo del señor Cura. En diversas casas, y algunas veces fuera de la ciudad, se ocultaba, y en esos lugares ejercía su ministerio sacerdotal. En los primeros días de noviembre de 1927, se refugió en Jalostotitlán, Jal. Decidió volver a la ciudad de San Juan de los Lagos para cumplir sus deberes ministeriales. Se hospedó en el Hospital del Sagrado Corazón. Solicitó asilo en alguna otra casa, que le negaron por miedo a las represiones del Gobierno; por lo cual se volvió a la casa de la familia Macías, donde había estado por algún tiempo. Las dos hermanas de sacerdote, Valeria y María del Refugio, le indicaron que era peligroso volver a una casa donde había estado antes; que ahí lo buscarían nuevamente, y le suplicaban saliera de la ciudad, a lo que contestó:“Dios me trajo, Dios sabrá”. Ahí se quedó. Tenía planeado salir de San Juan el 18 de noviembre, día en que lo aprehendieron.
Habían abierto en el piso, en el lugar donde estaba su cama, un agujero. Era un escondite pequeño. Ahí ocultaron los ornamentos y todo lo necesario para la celebración de la Eucaristía, como también algo del archivo parroquial, y dejaron un espacio pequeño para que pudiera esconderse el padre. El 17 de noviembre, un sobrino del P. Pedro y otras dos personas vinieron, ya anocheciendo, a comunicarle que peligraba estando en la casa donde habitaba; que saliera de la ciudad. El contestó: “Dios sabrá”. Entrada la noche, se fue a la habitación que servía de oratorio y se guardaba el Santísimo Sacramento, invitó a toda la familia a participar y dirigió una meditación. Fue una reflexión de preparación a la muerte. Se vio, dice una de las personas presentes, ” que estaba dispuesto a morir”. Al terminar agradeció, muy atentamente, la hospitalidad que le habían prestado. Al día siguiente, 18 de noviembre, celebró la Santa Misa con mucho fervor. Después de las últimas oraciones, tomó un crucifijo y lo besó con mucha devoción, y después del desayuno entonó unos cánticos a media voz, al Sagrado Corazón de Jesús, con su semblante muy alegre. Avanzaba la mañana cuando se escucharon unos fuertes golpes en la puerta de entrada a la casa. La señorita María del Refugio, de la familia donde se hospedaba el padre, fue a ver quién tocaba. Era la hermana del padre Pedro, que daba aviso de estar ya a la puerta los soldados. Así era. Habían rodeado la manzana y otros habían subido a las azoteas vecinas. El padre Pedro apenas tuvo tiempo de entrar a la excavación, preparada como escondite, taparla con unas tablas y poner encima una alfombra. En seguida se oyeron otros fuertes golpes en la puerta. Fue la señorita Florentina a abrirla. Era el teniente Santoyo acompañado de cuatro soldados. Sin decir nada, entraron violentamente a la casa. La empezaron a revisar y llegaron al sitio de la excavación. El teniente ordenó a los soldados remover la alfombra y las tablas. Encontrando al padre, le ordenaron salir. “Lo sacaron a puros golpes y malas palabras”, amenazándolo con que lo fusilarían por ser sacerdote. Llegó luego el coronel González Romero con otro buen número de soldados. Hizo algunas preguntas al Padre Esqueda y, con furia, le golpeó una mejilla, abriéndole una herida que manó sangre. Le dio varios golpes con un fuete, que también le hirió la cabeza. A empujones le indicó que marchara. Fue tan fuerte uno de los empujones, que lo hizo caer al suelo, en el pequeño patio de la casa. Se lo llevaron a la Abadía, (casa del Abad, contigua a la Colegiata de Nuestra Señora de San Juan) que el ejército había con vertido en cuartel. Ahí metieron al Padre Esqueda a un cuarto oscuro, teniéndole incomunicado. Durante su prisión... lo

azotaban diariamente. La encargada del Orfanatorio del Sagrado Corazón, Gertrudis del Espíritu Santo, que con valor fue a llevarle los alimentos, afirma que “oyó los golpes que le descargaban y los tremendos azotes. Antes de que lo mataran ya estaba por terminar su vida con tanto que lo martirizaban”.Ahílo tuvieron prisionero hasta el 22 de ese mes de noviembre de 1927. Ese día la tropa toda se movía al pueblo de San Miguel el Alto. Se llevaron al Padre Esqueda consigo. Lo sacaron de la casa-prisión a empujones y golpes. Uno de los empujones, al bajar la escalera de la Abadía, fue tan fuerte que lo arrojó al suelo, quebrándosele el brazo derecho. El soportaba callado.“Sufrió las molestias y tormentos que le dieron antes de morir, en silencio, manifestando tranquilidad de ánimo al salir para el lugar del tormento”.Se lo llevaron a pie hasta la salida de San Juan de los Lagos. Algunos niños lo acompañaron, y con uno de ellos mandó un recado a sus hermanas, y algunas cosas. Lo subieron a un caballo, atándole con una soga los brazos. El Padre Esqueda, a caballo, vigilado por los soldados, caminó hasta llegar al poblado de Teocaltitán, cercano a San Miguel el Alto. Lo bajaron del caballo y a pie cruzó el poblado hasta las afueras de él. Ya en el campo, llegaron a un lugar donde estaba un mezquite que en sus ramas tenía colgado rastrojo, (lo que llaman un tapanco o almear). El Coronel Santoyo ordenó al prisionero que subiera al mezquite hasta donde estaba el tapanco de rastrojo. El Padre Esqueda, con infinita humildad, sin decir palabra, intentó cumplir lo que se le ordenaba. Mas no pudo hacerlo, ya que tenía el brazo derecho roto y no podía hacer fuerza. Hizo varios intentos de subir pero no pudo. ¿Qué intentaba el Coronel Santoyo con hacer que el sometido subiera al tapanco? El que estuvo presente oyó la orden del Coronel y vio los esfuerzos que el Padre Esqueda hacía por cumplir la orden; pensó que lo que intentaba era darle muerte quemándole vivo, incendiando el almear cuando el padre estuviera sobre él. Esta versión la aceptaron todos y fue la que corrió entre los fieles de la región. Injurió el Coronel al sacerdote por no subir al tapanco y sacó entonces la pistola, descargando tres tiros sobre el padre Esqueda. Uno le entró en la mandíbula y salió en el cráneo y dos en el costado izquierdo. Cayó muerto con “el brazo derecho exten-dido hacia arriba, y el izquierdo en el pecho”. “Eran entre una y dos de la tarde”, del 22 de noviembre de 1927. Los habitantes del poblado de Teocaltitán recogieron el cuerpo del mártir la tarde de ese día. Lo tuvieron en un salón de la escuela del pueblo y al siguiente día en la tarde le dieron sepultura en el panteón del lugar

lunes, 20 de abril de 2015

Santo Toribio Romo González




Nació en Jalostotitlán el 16 de abril de 1900. A los 13 años inició sus estudios en el seminario auxiliar de San Juan de Lagos, y en 1920 ingresó al seminario de Guadalajara. Se dedicó de lleno a los estudios y se inscribió en la Acción Católica en la que se distinguió por su actividad en obras católico-sociales. Fue ordenado sacerdote en 1922. Su primer destino fue Sayula, después Tuxpan, Yahualica, Cuquío y Tequila. Se dedicaba especialmente al catecismo y a preparar primeras comuniones colectivas, también se dedicó al apostolado con obreros. Propagó la devoción eucarística por medio de la "cruzada eucarística". La persecución le obligó a vivir una vida de nómada junto con su párroco Justino Orona. Fundó su centro de actividades en una fábrica abandonada a mitad de una hermosa barranca, y acudía por la noche a la ciudad de Tequila. Al amanecer del 25 de febrero de 1928 una tropa de federales y agraristas irrumpió en la casa y en la habitación del padre. Al reconocerlo lo acribillaron en medio de insultos; los soldados le quitaron el traje, y llevaron el cadáver a tequila donde lo tiraron frente a la presidencia municipal. Después de 20 años sus restos regresaron a su pueblo natal y fueron colocados en la capilla construida por él. Fue beatificado el 22 de noviembre de 1992 y canonizado por el Papa Juan Pablo II el 21 de mayo d
el 2000.

lunes, 13 de abril de 2015

Santo Sabás Reyes


Su nombre completo es José Sabás Reyes Salazar, nació  el  5  de  diciembre  de  1883  en  Cocula,  Jalisco.
Sus  padres  eran  Norberto  Reyes  y Francisca  Salazar.  No  eran  gente  acomodada.  Todo  lo  contrario,  su  familia  pasaba verdaderamente por muchas estrecheces económicas. Por ello el muchacho Sabás tuvo que empezar a ganarse el pan muy pronto.
La extremada pobreza de sus padres lo obligaba a ello. Desde niño trabajó de papelerito voceador de periódicos en Guadalajara. Pero nuestro Señor Jesucristo lo tenía destinado para ser vocero de su Evangelio. Se le abrieron así las puertas del seminario de Guadalajara.
Pronto las dificultades se dieron cita en la vida del joven seminarista. Sabás no sobresalía por sus dotes intelectuales. Era, lo que se suele decir, escaso en ellas, o de cortas luces. Lo habían notado  los  superiores  del  seminario.  Al  rector  no  se  le  ocurrió  otra  cosa  que  aconsejarle cambiar  de  seminario  y  lo  recomendó  ante  la  diócesis  de  Tamaulipas,  necesitada  de sacerdotes y que parece ser se contentaba. Allí acabaría sus estudios de formación para el sacerdocio  y  allí  sería  ordenado  sacerdote  el  día  de  Navidad  de  1911  por  el  obispo  de Tamaulipas, y había celebrado su primera misa el 6 de enero de 1912 en el templo de Nuestra Señora de Belén, en Guadalajara, Jalisco.
Le tocará vivir su sacerdocio en algunos de los lugares más castigados por la persecución anticatólica. Comenzó precisamente su ministerio sacerdotal en la localidad de Tantoyuca de aquella diócesis. Pero allí duraría poco, pues la persecución religiosa que enseguida zarandeó casi todo México llegó también con vehemencia a Tamaulipas en 1914, por lo que el joven sacerdote se vio obligado a volver a su tierra natal. Aquí fue mandado a varios lugares: San Cristóbal de la Barranca, Plan de Barrancas, Hostotipaquillo y Atemajac de Brizuela, y en 1919 pasó a la parroquia de Tototlán, para colaborar con el señor cura Francisco Vizcarra Ruiz, primero como capellán de la hacienda de San Antonio de Gómez y después en 1921, en la cabecera parroquial. Y fue en Tototlán donde el padre Sabás tendrá que dar su testimonio cabal de Cristo. A partir de agosto de 1926 las cosas se pusieron muy feas por doquier para los sacerdotes y para los católicos. Con el culto suspendido en los templos de toda la República, el párroco de Tototlán se retiró del pueblo y quedó el padre Sabás con el encargo de administrar los sacramentos. Pero también Tototlán era uno de los lugares más significados en la lucha cristera y por ello de los más castigados por la federación, cuando lo invadía, y perpetraba en la población todo género de desmanes.
 Los combates entre los soldados del gobierno y los defensores cristeros estaban a la orden del día, y casi siempre los federales llevaban la de perder ante la fuerza moral y las motivaciones de los cristeros, no obstante su escasez de medios y su gran pobreza. Como los sacerdotes eran perseguidos a muerte, el padre Reyes tuvo que esconderse. Incluso algunos buenos vecinos le sugerían que mejor se fuera de Tototlán porque si lo agarraban lo iban a matar seguramente. Sin embargo el padre Sabás contestaba siempre lo mismo: “Tengan fe”.

A mí me dejaron de encargado y no sale bien irme. Dios sabrá. Me ofrecen ayuda en otras partes, pero me dejaron y aquí esperamos, a ver qué Dios dispone”.Murió el 13 de abril, ciertamente el sacerdote sufrió literalmente los tormentos de la pasión del Señor, un mar de penas y tormentos en aquel miércoles Santo de 1927. Fue beatificado el 22 de noviembre de 1992 en Roma, y canonizado el 21 de mayo de 2000, Año Santo Jubilar, por el Beato Juan Pablo II.

martes, 17 de febrero de 2015

SAN DAVID GALVÁN

Con la premura de este tiempo fugaz nuestra Arquidiócesis nos ha invitado a recordar el gran don que significa la Santidad que se manifiesta en el martirio del P. Galván. Para resaltar el acontecimiento que se cumple el 30 de enero de 2015, se ha programado la visita de las Vicarías al templo del P. Galván y la celebración de la santa misa. Recordamos algunos de sus datos. Nació en Guadalajara el 29 de enero de 1881, bautizado el día 2 de febrero inmediato. Sus padres fueron J. Trinidad Galván y doña Mariana Bermúdez. Hizo sus primeros estudios en la escuela anexa al Seminario. Al tiempo oportuno tomó la decisión de entrar al Seminario siendo prefecto don Arcadio Medrano, que lo recibió en los primeros días del mes de octubre de 1895. El joven David, hizo un paréntesis en su carrera, luego de la muerte del Señor Arzobispo Pedro Loza en 1898, el alumno no volvió al Seminario para el curso 1899. El obispo siguiente, don Jacinto López muere bien pronto, el día 31 de diciembre de 1900, David estuvo en el velorio del Arzobispo. A las campanas de luto siguieron las de alegría que saludaban un nuevo siglo adveniente. A partir del 6 de enero de 1902 llegó a Guadalajara el cuarto Arzobispo don J. Jesús Ortiz. Es de notar que el día 15 de agosto de 1904 este Pastor hizo la coronación pontificia de la imagen de Nuestra Señora de San Juan de los Lagos con gran solemnidad. El joven David entró de nuevo al Seminario el 18 de octubre de 1902, en la fiesta de San Lucas Evangelista. En el nuevo grupo habría compañeros muy importantes; sacerdotes y hasta Mártires como San José Ma. Robles como el canónigo Joaquín Aguayo que dejó importantes datos sobre la fiesta de la Virgen de San Juan como Patrona de la Arquidiócesis. Entre los maestros estaban don Agustín de la Rosa, don Felipe de la Rosa, don Arcadio Medrano, don Miguel de la Mora, don Pascual Díaz, ( el de los arreglos con el Gobierno) entre otros. El alumno David siempre obtuvo el primer lugar en sus clases. El Señor de la mora fue elegido para obispo de Zacatecas en 1911. San David Galván y San José Ma. Robles recibieron las órdenes menores el 7 de enero de 1906. Para ese tiempo David ya impartía clases en el Seminario. Recibió la ordenación como sacerdote el 20 de mayo de 1909, en el templo de la Soledad de manos del Excmo. Señor J. Jesús Ortiz. Recibió luego nombramiento oficial como maestro del Seminario, el 19 de junio de 1912. El país está en crisis por la guerra civil. Para ese año fue rector el Señor Esparza y vicerrector el diácono J. María Robles. En diciembre es nombrado el quinto arzobispo don Francisco Orozco y Jiménez. La vida del seminario se tornó irregular y entra en desbandada el 30 de abril de 1914. Es cuando el Señor Orozco destina al P. Galván a Amatitán para protegerlo de las amenazas enemigas, pues el P. había mostrado valentía y oposición a las injusticias gubernamentales. Ahí desempeñó un apostolado fecundo y edificante. Los revolucionaron recrudecieron su persecución contra algunos sacerdotes como el obispo de Tepic. En julio de 1914 Guadalajara estaba en el centro del conflicto. Las fuerzas carrancistas entraron el 8 de julio al mando de Obregón y Lucio Blanco. Una verdadera persecución de la Iglesia y los sacerdotes.EL P. GALVÁN EN LA MIRA. Fue el 6 de diciembre de 1914 cuando llegaron por él, precisamente un conocido Enrique Vera, que andaba en la tropa villista, compañero de escuela. Lo llevó a Tequila y luego a Ameca. De ahí fue trasladado a Guadalajara donde los jefes le dieron la libertad. Enrique quería la anuencia del Padre para llevarse a su sobrina Josefina, el tal soldado era casado ya. El Padre se opuso y eso le trajo más odio del jefe revolucionario. El día 30 de enero de 1915, los villistas atacaron la ciudad. Enrique al saber libre al P. Galván tuvo mucho coraje. El P. había tomado su bicicleta y auxiliaba heridos, se presentó al mismo cuartel para atender los heridos, los soldados intentaron dispararle. Ese fue el motivo definitivo. Así fueron aprehendidos los sacerdotes David Galván y el P. José Ma. Araiza. El P. Galván fue colocado en el muro oriente del Hospital Civil, muy cerca del templo, y ahí fue fusilado. Se había tramitado el indulto. La orden decía “Amigo Vera, le ruego respeto al Señor David Galván, mientras se hacen las averiguaciones” En la esquina el Lic. Negrete gritaba: “suspendan la ejecución, aquí traigo el indulto” El malvado militar contestó: “El que buscan ya no está aquí”, ciertamente había volado al cielo. En 1922 sus restos fueron colocados en el templo del Nuestra Señora del Rosario o del Padre Galván, donde se desarrolló la práctica devota de los cuatro lunes del Padre Galván. Fue canonizado el 21 de mayo del año 2000, con el Grupo de Los Mártires Mexicanos de la Cristera, que encabeza San Cristóbal Magallanes Jara. Entre las actividades previstas se incluye también la visita a su sepulcro, en el mes de enero, al cumplirse su primer centenario.