martes, 12 de mayo de 2015



MISIONES 2015TERCERO DE TEOLOGÍA «SEMITA CHRISTI»

  

Diego Antonio Ortega JiménezTuve la gran satisfacción de tener a Dios, encontrarme con Él y llevarlo a los demás. Jugar con niños inquietos, escuchar y platicar con jóvenes y adultos deseosos de conocerlo, estar con la gente, escucharlos y darles una palabra de consuelo, eso es misión. Estuve en la Parroquia Nuestra Señora de Guadalupe en Llano Grande, perteneciente a la Prelatura El Salto, Durango. Misión es sinónimo de aventura, de alegría, de oración y de admiración por lo que Dios ha creado. Los invito a tener una experiencia donde se encontrarán con Dios, tocarán el cielo con sus manos, contemplarán la maravillosa naturaleza: sierras, ríos, sol, nieve, frío, altos pinos y sobre todo gente sencilla que necesita testimonio de alegría. ¡Todos somos llamados a ser misioneros, comparte tu fe!Erik García JiménezQuién iba a pensar que yo algún día fuera seminarista, menos imaginar que tendría la experiencia de misión en dos comunidades: San Antonio del Rio y Zapote, ejidos del municipio de Champotón, en Campeche. Quién iba a pensar que la fe en Cristo Resucitado de un misionero no se desgasta cuando la comparte, al contrario, misteriosamente se acrecienta. Quién iba a pensar que los primeros misioneros de estas comunidades serían los niños, que desde el primer día fueron los que con su alegría, sencillez, vitalidad e interés por conocer a Papá Dios ayudaron a que los adultos tuvieran el encuentro con Cristo Vivo en sus vidas. Todo esto nadie lo pensaría, sólo Tú, Señor, Tú tienes la gran ocurrencia de darme esta experiencia de misión. Por esto y mucho más, gracias Papá Dios.José de Jesús Padilla VázquezEstuve en dos comunidades de Durango: Unidos Venceremos y Salvador Allende. En una de estas comunidades, el 60% son testigos de Jehová y los pocos católicos que hay tienen una gran necesidad de evangelización y de apoyo, la mayoría de ellos lo único que han recibido es el bautismo. Me tocó enseñarles a persignarse, rezar el rosario, las respuestas de la Misa  y otras pocas cosas. Todos los que puedan ayuden a las misiones y anímense a ir de misiones alguna vez.Julio César Pérez GalloLa misión es para mi un momento de encuentro con Dios, y también un momento de compartir la fe; ver la necesidad de llevar a Dios me ha motivado mas en mi discernimiento vocacional. En una de las comunidades donde compartí mi apostolado de misión (en el Llano Durango) me encontré con una necesidad de la vivencia de la vida sacramental y una gran falta de los valores humanos,  una gran pobreza en las familias.

¡Cómo pagaré al Señor TODO EL BIEN QUE ME HA HECHO! Bodas de Plata Sacerdotales

El 5 de mayo del 2015, celebraron sus Bodas de Plata Sacerdotales, los padres: Señor Cura José Antonio Camarena Valadez, padre Francisco Gutiérrez Vázquez, señor cura Francisco Plascencia Vallejo,   padre Ernesto González Dávalos,  señor cura Juan Martín González Dávalos,   padre Miguel Martín Ríos, padre José Brígido Pérez Gutiérrez, padre Fernando Varela Gamiño, padre Gabriel González Pérez,  señor cura Miguel Franco González, padre Juan Manuel Ramírez López, señor cura Guadalupe Gómez Nuñez, señor cura Juan de Dios Montaño Díaz y el  señor cura José  de Jesús Rubalcaba Gómez.
A las doce de medio día y bajo la mirada  de Nuestra Señora de San Juan, se iluminó la  Catedral y recibió a estos 14 siervos de Dios agradecidos por tantas bendiciones en estos 25 año de vida Sacerdotal.La misa fue presidida por el señor obispo Felipe Salazar y estuvieron presentes muchos otros sacerdotes, familiares y amigos para bendecir a Dios por tantos beneficios hechos a favor de su pueblo a través de estos siervos fieles.En esta celebración se recordó la visita de San Juan Pablo II, ya que, el 9 de mayo  en 1990 visitó la ciudad de Durango y 7 sacerdotes de esta Diócesis fueron ordenados por el ministerio de San Juan Pablo II: padre Francisco, padre Fernando, padre Juan de Dios, padre Jesús, padre Ernesto,  padre Juan Manuel y padre José. Los padres José Antonio, Francisco Gutiérrez, José, Gabriel, Juan Martín, Miguel y Miguel Franco, fueron ordenados el 28 de abril de 1990,  por manos del obispo Don José Trinidad Sepúlveda, en San Juan de los Lagos.
 En la homilía, dirigida por  el padre Francisco Gutiérrez, que fue formador de esta generación cuando ellos cursaban la preparatoria, les comentó que  en estos 25 años  que Dios les ha regalado, se han  ido santificando y santificando almas con la Palabra de Dios y los sacramentos, sobre todo el sacramento de la Reconciliación y de la Eucaristía. Dentro de la concelebración eucarística renovaron sus promesas sacerdotales recordando que son sacerdotes para siempre

.Al final, el padre Gabriel dio las gracias al Señor Obispo  por presidir esta Eucaristía, a los sacerdotes y al pueblo en general por ser parte de los festejos por sus Bodas de Plata Sacerdotales.

Sandra Padilla

martes, 28 de abril de 2015



Padre Victoriano Villaseñor Bienvenido a la casa del Padre


En una solemne concelebración Eucaristía en el templo parroquial del Espíritu Santo de Tepatitlán la comunidad diocesana agradeció a Dios el don de la vida y el ministerio sacerdotal del padre Victoriano Villaseñor Jiménez, confiados en que ahora está gozando del premio de la vida eterna. El padre Victoriano nació el 2 de noviembre de 1957 en Tepatilán de Morelos, Jalisco. Fue ordenado sacerdote el 1 de mayo de 1993 y desempeñó su ministerio sacerdotal en  La concelebración eucarística, con cerca de 150 sacerdotes y un gran número de feligreses venidos de distintas partes de la diócesis de San Juan y fuera de ella, fue presidida por el obispo de la diócesis de Tacámbaro, monseñor Gerardo Díaz, quien, antes de ser obispo, fue compañero en el ministerio del padre Victoriano, en la parroquia de María, Reina y Madre de los Campesinos, en Tepatitlán. Partiendo de diversos textos bíblicos, el padre Rafael Domínguez, quien pronunció la homilía ayudó a la reflexión sobre el sentido de la muerte para un cristiano: “San Pablo, escribiendo a los Filipenses  a cerca de su propia muerte dice “conforme a lo que aguardo y espero, que en modo alguno seré confundido; antes bien, que con plena seguridad, ahora como siempre, Cristo será glorificado en mi cuerpo, por mi vida o por mi muerte, pues para mí la vida es Cristo, y la muerte, una ganancia. Pero si el vivir en la carne significa para mí trabajo fecundo, no sé qué prefiero, me siento apremiado por las dos partes; por una parte deseo morir y estar con Cristo, lo cual es ciertamente lo mejor para mí; más por otra parte quisiera quedarme en la carne, porque eso sería mejor para ustedes”.  “El apóstol nos presenta - continuó el padre Rafael -  los dos o tres primeros pensamientos que surgen en nuestra mente ante la muerte. Como seres humanos tenemos esta alternativa: vivir o morir. Vivir para la carne o morir para la carne y vivir para el Señor. Victoriano ¿qué hubiera preferido? No lo sé, solo sé que ahora ha muerto para la carne pero que  estaba cumpliendo su ministerio como sacerdote, sencillo, alegre, en su parroquia y en su decanato, con su comunidad y sus compañeros sacerdotes”. La comunidad de Cañadas de Obregón, lugar donde ejercía últimamente su ministerio sacerdotal el padre Victoriano, ha llorado en poco tiempo la muerte de dos de sus sacerdotes. En abril de 2013, luego de un trágico accidente falleció el padre Roberto Pablo, y ahora, dos años después a causa de un infarto muere el padre Victoriano. Dirigiéndose a sus familiares, el padre Rafael expresó: “Si hay un dolor en la muerte es el que nosotros sentimos por la muerte, pero nuestro seres queridos que se van, ya no sufren, para ellos no hay dolor, el dolor  es para quienes nos quedamos. Ellos han pasado a la presencia del Padre. Subrayo las palabras que hoy se nos han proclamado bellamente del libro de la Sabiduría, capítulo 3:`En cambió, la almas de los justos están en las manos de  Dios, no les alcanzará tormento alguno.

A los ojos de los insensatos pareció que habían muerto, se tuvo por quebranto su partida de entre nosotros , pero ellos están en paz ́”. Al final de la concelebración el  señor cura Alberto Villaseñor, hermano del padre Victoriano, expresó su gratitud ante las muestras de fraternidad sacerdotal y la solidaridad de las personas de las distintas comunidades que se mantuvieron durante estos días en oración. El Mensajero Diocesano se une a la acción de gracias por la vida y el ministerio sacerdotal del padre Victoriano y ora por sus familiares y amigos.

San Pedro Esqueda

En la ciudad de San Juan de los Lagos, Jal., el 29 de abril de 1887, nació Pedro Esqueda, hijo de Margarito Esqueda y Nicanora Ramírez. El mismo día de su nacimiento recibió el santo bautismo, y la confirmación, menos de tres meses después, el 10 de julio siguiente. Sus padres fueron pobres, pero profundamente cristianos, de manera que criaron al niño en el santo temor de Dios, lo que hizo que toda su vida se conservara en la inocencia y santa simplicidad de costumbres. A los cuatro años de edad inició su instrucción en una escuela privada, regida por la maestra Piedad; en ella aprendió las primeras letras, en la cartilla, durante dos años. A los seis años ingresó a la llamada “Escuela del Santuario”, dirigida por el profesor Pedro Márquez. Ahí curso los seis grados de instrucción primaria. Fue un alumno aprovechado, con buenas calificaciones y, a veces, premios en las materias. Era un niño sencillo, pacífico; no se le vio reñir, ni molestar a nadie. Mientras estuvo en esta escuela formó parte del grupo de acólitos y del coro de la Basílica, así que una semana servía al altar y otra se integraba al coro. Era un niño piadoso, rezaba diariamente un rosario él solo y otro con su familia, en casa. Su diversión principal era levantar altares pequeños, con todo lo necesario para el culto, y él, con un compañero llamado Mardonio, imitaba la celebración de la Santa Misa. Muy “contento y alegre”, a los ocho años de edad, se acercó a recibir por primera vez la Sagrada Comunión, en la fiesta del Sagrado Corazón de 1895. Al terminar la instrucción primaria no continuó estudiando, sino que se ocupó de trabajar en una zapatería, hasta que le externó a su padre, un día, el deseo que abrigaba de entrar al Seminario para llegar a ser sacerdote. Fue matriculado en el Seminario Auxiliar que funcionaba en la misma ciudad de San Juan de los Fagos. Ahí estudió los cursos de Humanidades y dos de Filosofía. “Sobresalió, en el Seminario; era muy estudioso”. Después de seis años en el Seminario Auxiliar, por orden de los superiores pasó, en 1908, a estudiar al Seminario Diocesano de Guadalajara. Ahí cursó el tercer año de Filosofía y los cursos de Teología. Recibió las órdenes sagradas hasta el diaconado. En 1914, al desatarse la persecución carrancista, el Seminario fue clausurado e incautado su edificio. Los seminaristas lo abandonaron. Tuvo que refugiarse en San Juan de los Lagos. Ahí prestó servicios ministeriales a la parroquia, colaborando con el párroco, hasta que un día fue llamado a Guadalajara. En esta ciudad, en el oratorio público del Hospital de la Santísima Trinidad, recibió la ordenación sacerdotal el 19 de noviembre de 1916.
Seis días después, por orden de la autoridad eclesiástica competente, fue nombrado vicario cooperador de la parroquia donde había nacido, con el encargo de que, si fuera necesario, impartiera clases en el Seminario Auxiliar del lugar. Con gran gozo y regocijo de toda la feligresía, cantó su Primera Misa en el Santuario de Nuestra Señora de San Juan de los Lagos, el primero de diciembre del mismo año. Inició luego su ministerio sacerdotal, que ejerció durante, once años en esa parroquia de San Juan.  Los feligreses lo recuerdan como un sacerdote ejemplar, humilde y lleno de caridad, con grandísimo celo, especialmente con los niños”.Tenía caridad con los pobres: jamás se le vio contrariado o de mal humor. Fue muy devoto de la Eucaristía, su párroco recuerda: “...lo vi haciendo devotamente oración ante el Santísimo Sacramento”.Organizó una asociación llamada “Cruzada Eucarística”, para impulsar a los niños en el amor y devoción a Jesús Sacramentado. Ponía empeño especial en preparar a los niños que por primera vez se acercaban a la comunión. Amó entrañablemente a la Santísima Virgen María y motivó especialmente a los niños a que también la amaran. En 1926 se recrudeció en México la persecución contra la Iglesia. El Presidente de la República, en su modo de proceder, manifestaba una apasionada decisión de acabar con la Iglesia. Los Obispos mexicanos, como última medida de protesta y defensa, decidieron cerrar los templos y suspender el culto público. La administración de los sacramentos y el ministerio sacerdotal se realizaba ocultamente, en los hogares. Entonces las fuerzas del Gobierno desplegaron una tenaz persecución contra los sacerdotes de todo el país. El Arzobispo de Guadalajara aprobó que los sacerdotes que gustaran se escondieran, aun dejando sus puestos. En la ciudad de San Juan de los Lagos, el párroco y los sacerdotes se ocultaron en diversos lugares. El padre Esqueda, también escondiéndose, quedó al frente de la parroquia por encargo del señor Cura. En diversas casas, y algunas veces fuera de la ciudad, se ocultaba, y en esos lugares ejercía su ministerio sacerdotal. En los primeros días de noviembre de 1927, se refugió en Jalostotitlán, Jal. Decidió volver a la ciudad de San Juan de los Lagos para cumplir sus deberes ministeriales. Se hospedó en el Hospital del Sagrado Corazón. Solicitó asilo en alguna otra casa, que le negaron por miedo a las represiones del Gobierno; por lo cual se volvió a la casa de la familia Macías, donde había estado por algún tiempo. Las dos hermanas de sacerdote, Valeria y María del Refugio, le indicaron que era peligroso volver a una casa donde había estado antes; que ahí lo buscarían nuevamente, y le suplicaban saliera de la ciudad, a lo que contestó:“Dios me trajo, Dios sabrá”. Ahí se quedó. Tenía planeado salir de San Juan el 18 de noviembre, día en que lo aprehendieron.
Habían abierto en el piso, en el lugar donde estaba su cama, un agujero. Era un escondite pequeño. Ahí ocultaron los ornamentos y todo lo necesario para la celebración de la Eucaristía, como también algo del archivo parroquial, y dejaron un espacio pequeño para que pudiera esconderse el padre. El 17 de noviembre, un sobrino del P. Pedro y otras dos personas vinieron, ya anocheciendo, a comunicarle que peligraba estando en la casa donde habitaba; que saliera de la ciudad. El contestó: “Dios sabrá”. Entrada la noche, se fue a la habitación que servía de oratorio y se guardaba el Santísimo Sacramento, invitó a toda la familia a participar y dirigió una meditación. Fue una reflexión de preparación a la muerte. Se vio, dice una de las personas presentes, ” que estaba dispuesto a morir”. Al terminar agradeció, muy atentamente, la hospitalidad que le habían prestado. Al día siguiente, 18 de noviembre, celebró la Santa Misa con mucho fervor. Después de las últimas oraciones, tomó un crucifijo y lo besó con mucha devoción, y después del desayuno entonó unos cánticos a media voz, al Sagrado Corazón de Jesús, con su semblante muy alegre. Avanzaba la mañana cuando se escucharon unos fuertes golpes en la puerta de entrada a la casa. La señorita María del Refugio, de la familia donde se hospedaba el padre, fue a ver quién tocaba. Era la hermana del padre Pedro, que daba aviso de estar ya a la puerta los soldados. Así era. Habían rodeado la manzana y otros habían subido a las azoteas vecinas. El padre Pedro apenas tuvo tiempo de entrar a la excavación, preparada como escondite, taparla con unas tablas y poner encima una alfombra. En seguida se oyeron otros fuertes golpes en la puerta. Fue la señorita Florentina a abrirla. Era el teniente Santoyo acompañado de cuatro soldados. Sin decir nada, entraron violentamente a la casa. La empezaron a revisar y llegaron al sitio de la excavación. El teniente ordenó a los soldados remover la alfombra y las tablas. Encontrando al padre, le ordenaron salir. “Lo sacaron a puros golpes y malas palabras”, amenazándolo con que lo fusilarían por ser sacerdote. Llegó luego el coronel González Romero con otro buen número de soldados. Hizo algunas preguntas al Padre Esqueda y, con furia, le golpeó una mejilla, abriéndole una herida que manó sangre. Le dio varios golpes con un fuete, que también le hirió la cabeza. A empujones le indicó que marchara. Fue tan fuerte uno de los empujones, que lo hizo caer al suelo, en el pequeño patio de la casa. Se lo llevaron a la Abadía, (casa del Abad, contigua a la Colegiata de Nuestra Señora de San Juan) que el ejército había con vertido en cuartel. Ahí metieron al Padre Esqueda a un cuarto oscuro, teniéndole incomunicado. Durante su prisión... lo

azotaban diariamente. La encargada del Orfanatorio del Sagrado Corazón, Gertrudis del Espíritu Santo, que con valor fue a llevarle los alimentos, afirma que “oyó los golpes que le descargaban y los tremendos azotes. Antes de que lo mataran ya estaba por terminar su vida con tanto que lo martirizaban”.Ahílo tuvieron prisionero hasta el 22 de ese mes de noviembre de 1927. Ese día la tropa toda se movía al pueblo de San Miguel el Alto. Se llevaron al Padre Esqueda consigo. Lo sacaron de la casa-prisión a empujones y golpes. Uno de los empujones, al bajar la escalera de la Abadía, fue tan fuerte que lo arrojó al suelo, quebrándosele el brazo derecho. El soportaba callado.“Sufrió las molestias y tormentos que le dieron antes de morir, en silencio, manifestando tranquilidad de ánimo al salir para el lugar del tormento”.Se lo llevaron a pie hasta la salida de San Juan de los Lagos. Algunos niños lo acompañaron, y con uno de ellos mandó un recado a sus hermanas, y algunas cosas. Lo subieron a un caballo, atándole con una soga los brazos. El Padre Esqueda, a caballo, vigilado por los soldados, caminó hasta llegar al poblado de Teocaltitán, cercano a San Miguel el Alto. Lo bajaron del caballo y a pie cruzó el poblado hasta las afueras de él. Ya en el campo, llegaron a un lugar donde estaba un mezquite que en sus ramas tenía colgado rastrojo, (lo que llaman un tapanco o almear). El Coronel Santoyo ordenó al prisionero que subiera al mezquite hasta donde estaba el tapanco de rastrojo. El Padre Esqueda, con infinita humildad, sin decir palabra, intentó cumplir lo que se le ordenaba. Mas no pudo hacerlo, ya que tenía el brazo derecho roto y no podía hacer fuerza. Hizo varios intentos de subir pero no pudo. ¿Qué intentaba el Coronel Santoyo con hacer que el sometido subiera al tapanco? El que estuvo presente oyó la orden del Coronel y vio los esfuerzos que el Padre Esqueda hacía por cumplir la orden; pensó que lo que intentaba era darle muerte quemándole vivo, incendiando el almear cuando el padre estuviera sobre él. Esta versión la aceptaron todos y fue la que corrió entre los fieles de la región. Injurió el Coronel al sacerdote por no subir al tapanco y sacó entonces la pistola, descargando tres tiros sobre el padre Esqueda. Uno le entró en la mandíbula y salió en el cráneo y dos en el costado izquierdo. Cayó muerto con “el brazo derecho exten-dido hacia arriba, y el izquierdo en el pecho”. “Eran entre una y dos de la tarde”, del 22 de noviembre de 1927. Los habitantes del poblado de Teocaltitán recogieron el cuerpo del mártir la tarde de ese día. Lo tuvieron en un salón de la escuela del pueblo y al siguiente día en la tarde le dieron sepultura en el panteón del lugar

lunes, 20 de abril de 2015

Santo Toribio Romo González




Nació en Jalostotitlán el 16 de abril de 1900. A los 13 años inició sus estudios en el seminario auxiliar de San Juan de Lagos, y en 1920 ingresó al seminario de Guadalajara. Se dedicó de lleno a los estudios y se inscribió en la Acción Católica en la que se distinguió por su actividad en obras católico-sociales. Fue ordenado sacerdote en 1922. Su primer destino fue Sayula, después Tuxpan, Yahualica, Cuquío y Tequila. Se dedicaba especialmente al catecismo y a preparar primeras comuniones colectivas, también se dedicó al apostolado con obreros. Propagó la devoción eucarística por medio de la "cruzada eucarística". La persecución le obligó a vivir una vida de nómada junto con su párroco Justino Orona. Fundó su centro de actividades en una fábrica abandonada a mitad de una hermosa barranca, y acudía por la noche a la ciudad de Tequila. Al amanecer del 25 de febrero de 1928 una tropa de federales y agraristas irrumpió en la casa y en la habitación del padre. Al reconocerlo lo acribillaron en medio de insultos; los soldados le quitaron el traje, y llevaron el cadáver a tequila donde lo tiraron frente a la presidencia municipal. Después de 20 años sus restos regresaron a su pueblo natal y fueron colocados en la capilla construida por él. Fue beatificado el 22 de noviembre de 1992 y canonizado por el Papa Juan Pablo II el 21 de mayo d
el 2000.